La música se está volviendo un área de estudio intenso porque es más fácil cuantificar la cantidad de años que la gente ha tocado música que la cantidad de tiempo que pasa leyendo o jugando juegos.
“La intención es que esto sea un modelo de estimulación cognitiva y demostrar la forma en la que las actividades estimulantes pueden cambiar tu cerebro”, comentó Hanna-Pladdy.
Así que tal vez la música sea buena para ti, pero también pueden serlo tus demás pasatiempos.
Después de todo, el violinista Frank Iacono y su esposa, Mary —quienes han estado casados por 66 años— juegan todas las noches Scrabble.
Para los pacientes que ya tienen demencia, la música puede usarse de forma diferente para ayudar a la mente.
La respuesta emotiva que la gente presenta al escuchar música, y las sustancias químicas relacionadas con el placer que se liberan en el proceso, son diferentes a los cambios que el tocar música puede provocar en el cerebro, dijeron los científicos.
“Lo más importante es mantener a la persona en el centro de tus intervenciones en la mayor medida posible”.
Naomi Ziv, del Colegio Académico de Tel Aviv Taffo, en Israel, y sus colegas demostraron en un estudio, publicado en Journal of Music Therapy que la música de fondo se relaciona con el aumento de conductas positivas —reír, sonreír, hablar— y un descenso en las negativas como la agresividad y el llanto. La música llama la atención; también mejora la concentración y afecta a las emociones, dijo Ziv. “Cuando escuchamos música conocida la seguimos”, dijo. “Parece que aunque la memoria se deteriora con la demencia, la memoria musical permanece casi intacta”.
La música conocida o preferida evoca recuerdos e influye en el estado de ánimo, lo que tal vez sea la razón que subyace a estos resultados, comentó Ziv.
Catherine Shmerling aprecia el efecto que ciertos eventos musicales han tenido en su padre, Sanford Shmerling, de 85 años. Era el director médico de la Casa Hogar Judía William Breman en Atlanta. Ahora vive allí. Tiene Alzhéimer y casi no se le entiende cuando habla, dijo su hija.
Durante un fin de semana, una banda de swing tocó en la casa hogar. Al principio, el ex director médico estaba sentado en su silla de ruedas mirando al vacío, pero pronto su hija se dio cuenta de que estaba aplaudiendo con los pies. Empezó a balancear los brazos al ritmo de la música y a los pocos minutos dibujó una “linda sonrisita”.
“Es gratificante”, dijo Shmerling. “Hay algo en… no sé, en la música, en el auditorio o algo… que parece superar lo que obstruye su comunicación normal y de alguna forma entra”.
La ciencia tal vez no tenga todas las respuestas, pero Shmerling disfruta esos pequeños indicios de que su padre está escuchando.
Música y Alzheimer
08/Oct/2013
Iton Gadol